Estrella del póker en una vida atropellada

Boris tomó sus primeros contactos con la raqueta en una academia de tenis construida por su propio padre, arquitecto, centro donde compartía entrenamientos con Steffi Graf. No tardó mucho en despuntar en el circuito júnior y pronto dio el salto al profesionalismo, convirtiéndose en 1985 en el primer jugador no cabeza de serie, alemán y más joven (17 años y siete meses) en ganar Wimbledon.

Era sólo el comienzo de una exitosa carrera en la que conquistó 49 títulos, seis Grand Slam incluidos (dos Open de Australia, tres Wimbledon y un US Open); una medalla de oro olímpica en la disciplina de dobles en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 con Michael Stich como pareja; dos Copa Davis (1988, 1989); y fue durante tres semanas el noveno número 1 que dio el mundo del tenis desde la creación del ranking masculino en 1972.

Apodado ‘Boom boom Becker’ por su poderoso servicio, el alemán colgó la raqueta a los 29 años y muy seguro de su decisión: “Quiero retirarme estando arriba. Y ahora que estoy en lo alto de la montaña, sólo puedo ir cayendo de ella”. En 2003 ingresó en el Salón Internacional de la Fama.

La fuerte personalidad de Becker le llevaron a las primeras páginas de los diarios con o sin éxitos deportivos de por medio. En 1993 sorprendió al mundo al posar desnudo en la revista ‘Stern’ junto a su primera mujer,Bárbara Feltus, una cantante y modelo de raza negra.

Hubo un tiempo que junto a su mujer, modelo de raza negra, fue la imagen de la nueva Alemania

Durante mucho tiempo fueron la imagen de la nueva Alemania, un símbolo de la lucha contra un racismo en un país tan marcado en este aspecto, pero cuando el matrimonio se agotó, esta situación dio un giro de 180 grados. A finales del año 2000 su controvertido divorcio fue retransmitido al mundo por televisión, perdiendo el por aquel entonces extenista 14,4 de los 25,1 millones de dólares que había ganado en sus quince años en el circuito profesional, una propiedad en Florida y la custodia de sus dos hijos, Noah GabrielElías Baltasar. Los motivos de la separación nunca se expusieron en público, aunque es notable que los líos de faldas tuvieron mucho que ver.

Primero salió a la luz un romance con Sabrina Setlur, una cantante de rap alemana; y luego un ‘affaire’ con la modelo rusa Ángela Ermakova. Fue en 1999, tras caer en los octavos de final de Wimbledon, en lo que sería su último partido como profesional. Tras pasarse el día bebiendo, acabó cenando en un lujoso restaurante londinense, en cuyos baños tuvo un encuentro con la modelo, relación de la que surgió el nacimiento de Anna, hija que en un principio negó el alemán (llegó a contar que se trataba de un chantaje por parte de la mafia rusa), pero que finalmente, y con pruebas de ADN de por medio, tuvo que admitir públicamente, llegando a un acuerdo de manutención con la madre por cinco millones de dólares.

“Fueron cinco segundos que me cambiaron la vida”, confesó Becker. Posteriormente ha tenido otras relaciones, como la que mantuvo con Sandy Meyer-Wlden, modelo y diseñadora de joyas con la que estaba comprometida y cuya unión se rompió meses antes de la boda; o la de Sharlely Kerssenberg, modelo holandesa nueve años más joven que él con la que se casó en 2009 y con quien tiene un hijo en común, Amadeus.

Juicios, divorcios, embargos y pruebas de ADN han ido salpicando la vida de Becker

Hincha del Bayern Münich y el Chelsea, Becker estuvo a punto de ir a la cárcel en 2002 acusado por un tribunal de justicia alemán de evasión de impuestos entre 1991 y 1993, fechas en las que dijo estar viviendo en Montecarlo cuando lo hacía en Múnich. Finalmente el conflicto se resolvió con una multa de 600.000 euros y el abono de los tres millones de impuestos atrasados. En 2003 publica su autobiografía, ‘Espera un segundo, quédate un momento’, donde confiesa que en su día fue adicto a las pastillas y al alcohol. “Quiero darle a todo aquel que quiera juzgarme la posibilidad de leer cómo fueron las cosas realmente”, indicaba el alemán respecto a la publicación de 320 páginas que no dejan indiferente a nadie. Posteriormente, en 2005, fue sonado que le quitaran el carnet de conducir a circular a más de 150 km/h por una carretera suiza.

Cuando la calma llegó aparentemente de nuevo a su vida probó suerte como comentarista de partidos para la BBC inglesa y jugando en el circuito sénior, aunque pronto cambió las raquetas por las cartas de póquer, siendo desde 2008 un jugador profesional de Póker Stars.

“Mi afición al póquer comenzó en Wimbledon, durante las interrupciones por la lluvia. Nos juntábamos los miembros de mi staff: masajistas, entrenadores, asistentes, amigos… y nos echábamos unas manos para matar el tiempo hasta que me llamaban para volver a salir a la pista”, comenta el alemán. Aunque se pasa la vida viajando por el mundo, a Becker le gusta disfrutar de España, más concretamente en Mallorca, donde desde 1997 tiene una lujosa finca, ‘Son Coll’ por la que seguro que han pasado amigos de la talla de Franz BeckenbauerIon Tiriac ó Vitali Klitschko. Estos días se conocía el embargo (provisional) de la mansión por una deuda de 300.000 euros a la empresa que le reformó el jardín, una anécdota más en la atropellada vida de este genio alemán.

Fuente: http://www.marca.com/2011/07/09/tenis/1310192497.html

El Negro Miño

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